La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha comenzado a consolidar un estilo de gobierno más centralizado, apostando por un “presidencialismo fuerte” para enfrentar tanto presiones externas como conflictos internos dentro de su partido, Morena.
De acuerdo con el análisis, la mandataria ha impulsado cambios clave en distintas instituciones del país, colocando a perfiles cercanos en espacios estratégicos como el Senado, la política fiscal y otras áreas del aparato gubernamental. Esta estrategia busca fortalecer su capacidad de decisión en un contexto político complejo.
En el ámbito internacional, el principal desafío proviene de la relación con el expresidente estadounidense Donald Trump, cuyo posible regreso al poder ha generado tensiones en temas como seguridad, comercio y migración. Ante este escenario, el Gobierno mexicano ha realizado ajustes en su equipo diplomático y en la estrategia de negociación del T-MEC, buscando mostrar firmeza frente a Washington.
A nivel interno, Morena enfrenta una crisis de liderazgo y organización, lo que ha llevado a Sheinbaum a intervenir directamente en la estructura del partido. Entre los movimientos más relevantes está el relevo en la dirigencia y la designación de perfiles cercanos para reorganizar la operación política rumbo a futuros procesos electorales.
Este giro marca una diferencia con el estilo más horizontal promovido por su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, y refleja una apuesta por concentrar el poder como mecanismo para mantener estabilidad política y control frente a los retos actuales.
Analistas señalan que esta estrategia puede fortalecer el liderazgo presidencial en el corto plazo, pero también implica riesgos, como tensiones internas en el partido y cuestionamientos sobre el equilibrio de poderes en el país.






