La inflación en México continuó su tendencia de desaceleración durante mayo y se ubicó en 3.94 por ciento a tasa anual, una cifra menor a la esperada por los analistas y que marca el regreso del indicador al rango objetivo establecido por el Banco de México (Banxico), de entre 2 y 4 por ciento.
De acuerdo con los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el índice inflacionario descendió desde el 4.45 por ciento registrado en abril, acumulando dos meses consecutivos de moderación en el crecimiento de los precios. Además, el resultado fue mejor que las previsiones del mercado, que anticipaban una inflación cercana al 4.04 por ciento.
Uno de los factores que contribuyeron a la disminución fue la caída en los precios de algunos productos agropecuarios, frutas, verduras y energéticos. Destacó particularmente la reducción en las tarifas eléctricas derivada del programa de subsidios de temporada cálida, así como bajas en productos como el tomate verde, el limón y el pepino.
Sin embargo, no todos los precios mostraron descensos. Algunos bienes y servicios continuaron presionando el bolsillo de los consumidores, entre ellos la papa, el gas LP y el pollo. Además, la inflación subyacente, que excluye productos con alta volatilidad, se ubicó en 4.19 por ciento anual, mientras que el componente de servicios alcanzó 4.57 por ciento, reflejando que aún persisten presiones en algunos sectores de la economía.
Especialistas consideran que el dato representa una señal positiva para la estabilidad económica del país, aunque advierten que aún existen riesgos asociados al comportamiento del consumo, la actividad económica y eventos extraordinarios como el Mundial de Futbol 2026, que podría incrementar temporalmente la demanda de diversos bienes y servicios.
La desaceleración inflacionaria también ocurre en un contexto en el que Banxico ha mantenido una política monetaria cautelosa para contener el aumento de precios. Analistas prevén que la evolución de la inflación durante los próximos meses será determinante para futuras decisiones sobre las tasas de interés y el rumbo de la economía nacional.






