Controlar el estrés, aumentar la dopamina, reducir el cortisol y mantenerse feliz las 24 horas del día. Esa es la promesa detrás del llamado “biohacking emocional”, una tendencia cada vez más popular en redes sociales que, según especialistas, podría estar provocando el efecto contrario: más ansiedad, frustración y problemas de salud mental.
El concepto surge del biohacking tradicional, una práctica enfocada en optimizar el cuerpo mediante cambios en la alimentación, el sueño o la actividad física. Sin embargo, en los últimos años esta filosofía se trasladó al terreno emocional, donde miles de personas buscan «hackear» sus sentimientos para alcanzar un estado permanente de bienestar.
Expertos advierten que el principal problema es que muchas personas comienzan a ver emociones como la tristeza, el estrés o la ansiedad como fallas que deben eliminarse de inmediato, cuando en realidad forman parte normal de la experiencia humana. Según los especialistas, intentar controlar constantemente cada emoción puede terminar generando una presión psicológica adicional.
Uno de los ejemplos más comunes es la obsesión por reducir el cortisol, conocida como la hormona del estrés. En redes sociales abundan consejos, rutinas y productos que prometen eliminarlo, aunque los expertos recuerdan que esta sustancia es fundamental para funciones básicas como despertarse, reaccionar ante peligros o adaptarse a situaciones difíciles. El problema no es el cortisol en sí, sino el estrés crónico.
La tendencia también ha popularizado conceptos como el «ayuno de dopamina», una práctica que busca restringir ciertos estímulos para mejorar la motivación. Sin embargo, especialistas señalan que muchas de estas explicaciones simplifican en exceso el funcionamiento del cerebro y pueden generar una vigilancia obsesiva sobre cada conducta cotidiana.
De acuerdo con psicólogos, esta necesidad de sentirse bien todo el tiempo está relacionada con una creciente cultura del perfeccionismo. Diversos estudios han encontrado que los jóvenes actuales reportan niveles de perfeccionismo más elevados que generaciones anteriores, una situación vinculada con mayores tasas de ansiedad, estrés y depresión.
Los especialistas explican que la verdadera salud mental no consiste en eliminar las emociones negativas, sino en desarrollar la capacidad de experimentarlas, comprenderlas y manejarlas de manera saludable. La llamada «flexibilidad psicológica» permite adaptarse a los cambios y enfrentar situaciones difíciles sin quedar atrapado en ellas.
Ante el crecimiento de esta tendencia, los expertos recomiendan mantener una visión crítica sobre los consejos que circulan en redes sociales y recordar que no existe una fórmula mágica para alcanzar la felicidad permanente. Sentir tristeza, frustración o estrés ocasionalmente no significa que algo esté mal; por el contrario, forma parte del funcionamiento normal de la mente humana.
La advertencia es clara: en la búsqueda de una versión perfecta de nosotros mismos, muchas personas podrían estar cayendo en una nueva trampa psicológica donde el bienestar deja de ser una meta saludable y se convierte en una exigencia imposible de cumplir.






