domingo, agosto 2, 2026
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Várices: causas, consecuencias, tratamientos y recomendaciones para cuidar la salud de tus piernas

Las várices son un problema circulatorio muy común que afecta principalmente a las piernas. Aunque para muchas personas representan un tema estético, también pueden ser una señal de problemas en el funcionamiento de las venas y, en algunos casos, provocar molestias o complicaciones si no reciben atención adecuada.

Las várices son venas dilatadas y retorcidas que aparecen cuando las válvulas internas de las venas no funcionan correctamente. Estas válvulas ayudan a que la sangre regrese al corazón, pero cuando se debilitan, la sangre puede acumularse en las piernas y generar presión dentro de los vasos sanguíneos.

Suelen aparecer como venas de color azul o morado, sobresalientes debajo de la piel, principalmente en pantorrillas, muslos y detrás de las rodillas.

Entre los factores que pueden favorecer su aparición se encuentran:

  • Predisposición genética: tener familiares con várices aumenta la probabilidad de desarrollarlas.
  • Edad: con el paso del tiempo las venas pueden perder elasticidad y las válvulas pueden debilitarse.
  • Permanecer mucho tiempo de pie o sentado: dificulta el retorno de la sangre hacia el corazón.
  • Cambios hormonales: situaciones como embarazo, menopausia o algunos tratamientos hormonales pueden influir.
  • Sobrepeso u obesidad: aumenta la presión sobre las venas de las piernas.
  • Falta de actividad física: reduce la circulación adecuada en las extremidades.

Además de la apariencia de las venas, algunas personas pueden presentar:

  • Dolor o sensación de pesadez en las piernas.
  • Hinchazón en tobillos y pies.
  • Calambres, especialmente durante la noche.
  • Comezón o ardor alrededor de las venas afectadas.
  • Cansancio en las piernas después de estar mucho tiempo de pie.
  • Cambios en la coloración o textura de la piel.

Cuando las várices avanzan o no se atienden, pueden generar problemas como:

  • Inflamación crónica de las piernas.
  • Cambios en la piel, como manchas oscuras o endurecimiento.
  • Úlceras venosas, heridas que pueden tardar en cicatrizar.
  • Flebitis, inflamación de una vena.
  • Coágulos sanguíneos, en algunos casos.

Por ello, es importante consultar a un especialista si aparecen síntomas constantes o cambios importantes en las venas.

El tratamiento depende del grado de afectación y debe ser indicado por un profesional de la salud. Algunas opciones incluyen:

  • Uso de medias de compresión recomendadas por un especialista.
  • Elevar las piernas para favorecer el retorno venoso.
  • Realizar actividad física regularmente.
  • Controlar el peso.
  • Evitar permanecer muchas horas en una misma posición.

En casos donde las várices son más avanzadas, pueden utilizarse tratamientos como:

  • Escleroterapia: aplicación de una sustancia que ayuda a cerrar la vena afectada.
  • Tratamientos con láser o radiofrecuencia: técnicas poco invasivas para tratar ciertas venas.
  • Cirugía vascular: indicada en casos específicos donde otros tratamientos no son suficientes.

Las várices no siempre representan un riesgo grave, pero atenderlas a tiempo puede ayudar a evitar complicaciones y mejorar la calidad de vida. Ante cualquier señal de alarma, lo recomendable es acudir con un especialista, como un angiólogo o cirujano vascular.

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