Iniciar una rutina de ejercicio suele venir acompañado de motivación y entusiasmo, pero para muchas personas ese impulso dura poco. La razón, según especialistas, no siempre tiene que ver con la falta de disciplina, sino con la forma en que se establecen los objetivos desde el inicio.
De acuerdo con un análisis reciente publicado, uno de los errores más comunes es fijar metas demasiado rígidas o poco realistas. Aunque durante años se ha promovido el modelo “SMART” (específico, medible, alcanzable, realista y temporal), nuevas evidencias señalan que este enfoque no funciona igual para todos, especialmente para quienes apenas comienzan a hacer ejercicio.
El problema surge cuando las metas son tan estrictas que no permiten adaptarse a la vida diaria. Factores como el cansancio, la falta de tiempo o imprevistos pueden impedir cumplirlas al pie de la letra, lo que genera frustración y, eventualmente, abandono.
Especialistas destacan que una alternativa más efectiva es plantear objetivos flexibles, centrados en el proceso y no únicamente en los resultados. En lugar de buscar la perfección, recomiendan valorar pequeños avances y construir hábitos sostenibles a largo plazo.
Este enfoque también busca cambiar la relación con el ejercicio, dejando de verlo como una obligación rígida y convirtiéndolo en una actividad adaptable y constante. La clave, señalan, está en mantener la continuidad, aunque no siempre se cumpla el plan original al 100%.
En ese sentido, expertos coinciden en que abandonar el ejercicio no es un fracaso personal, sino una señal de que los objetivos necesitan ajustarse a la realidad de cada persona, priorizando la constancia sobre la exigencia extrema.






