Un análisis poco conocido podría cambiar la forma en que se detecta el riesgo cardiovascular. Se trata de la lipoproteína A o Lp A, una prueba que especialistas consideran clave para prevenir infartos y derrames, pero que aún no forma parte de los chequeos médicos habituales.
De acuerdo con expertos, este marcador puede revelar un riesgo elevado incluso en personas con niveles normales de colesterol, lo que lo convierte en una herramienta fundamental que hoy sigue subutilizada.
La lipoproteína A es una partícula similar al colesterol LDL (el llamado “malo”), pero con una característica particular: su nivel está determinado casi totalmente por la genética. Esto significa que una persona puede llevar una vida saludable y aun así tener niveles altos sin saberlo. El problema es que los análisis de colesterol tradicionales no la detectan, por lo que muchas personas podrían estar en riesgo sin tener señales visibles.
Diversos estudios han demostrado que tener niveles elevados de Lp A: aumenta el riesgo de infarto, incrementa la probabilidad de accidente cerebrovascular y favorece la acumulación de placas en las arterias.
Incluso puede ser peligrosa aunque el resto del colesterol esté en niveles normales, lo que la convierte en un factor de riesgo silencioso.
Se estima que alrededor de 1 de cada 5 personas tiene niveles elevados sin saberlo. A pesar de su importancia, esta prueba no se realiza de forma rutinaria en muchos sistemas de salud.
Entre las razones están la falta de disponibilidad en la sanidad pública, desconocimiento entre médicos y pacientes y la ausencia, hasta ahora, de tratamientos específicos. Esto ha provocado que la Lp A siga fuera de los análisis estándar, a pesar de las recomendaciones internacionales.
Dado que los niveles de lipoproteína A son estables a lo largo del tiempo, especialistas coinciden en que basta con medirla una vez en la vida para conocer el riesgo genético.
Esto permitiría tomar medidas preventivas más estrictas, como control más riguroso del colesterol tradicional, cambios en hábitos de vida y seguimiento médico más cercano. Aunque no exista un tratamiento específico para reducirla, conocer su nivel puede marcar la diferencia en la prevención.
Actualmente no hay medicamentos aprobados específicamente para bajar la Lp A, pero ya se desarrollan terapias que podrían cambiar este panorama en los próximos años. Mientras tanto, los expertos insisten en que la clave está en la prevención y en detectar a tiempo este riesgo invisible.
El caso de la lipoproteína(a) evidencia una brecha en los sistemas de salud:
una prueba relevante, recomendada por especialistas, pero que aún no llega a la mayoría de la población.
En un contexto donde las enfermedades cardiovasculares siguen siendo una de las principales causas de muerte, ignorar este marcador podría significar perder una oportunidad clave para salvar vidas.






