El brunch, una combinación entre desayuno y comida, ha ganado terreno en México al convertirse en una opción que mezcla gastronomía, convivencia y experiencias sociales, tanto para los consumidores como para los restaurantes.
La palabra brunch surgió de la combinación de los términos en inglés breakfast y lunch. Una de las referencias más conocidas sobre el concepto apareció en 1895, cuando el escritor británico Guy Beringer planteó una alternativa a las comidas dominicales tradicionales, proponiendo una comida más flexible que permitiera reunir alimentos de desayuno y comida.
Aunque el término surgió hace más de un siglo, el concepto de una comida tardía ya existía en otros lugares. En Nueva Orleans, por ejemplo, Madame Bégué ofrecía desde el siglo XIX un desayuno servido entre las 11 de la mañana y las 3 de la tarde, con alimentos como huevos, carnes, pan y café.
Actualmente, el brunch suele servirse entre las 10 de la mañana y las 3 de la tarde y combina platillos tradicionalmente asociados con el desayuno, como huevos, chilaquiles, waffles, hot cakes, fruta, pan dulce y café, con opciones de comida como hamburguesas, ensaladas, pastas, carnes y pescados.

De acuerdo con datos de Tastewise la ocasión de consumo de brunch creció 27% anual en México, mientras que el 68% de esa actividad está relacionada con establecimientos restauranteros. La plataforma también registra un crecimiento en el consumo matutino y en los momentos previos al trabajo.
Otro factor que ha impulsado esta tendencia es su carácter social. El brunch suele plantearse como una actividad para convivir con amigos o familiares, celebrar ocasiones especiales, tener una cita o simplemente disfrutar de una comida sin prisas.
Las redes sociales también han contribuido a su popularidad. Una encuesta de OpenTable señala que 83% de los mexicanos considera importante la aprobación de Instagram y TikTok al momento de elegir dónde comer, por lo que la presentación de los platillos, las bebidas y el diseño de los restaurantes forman parte de la experiencia.
En México, además, el concepto se ha adaptado a los sabores locales. Aunque algunos de los platillos más relacionados con el brunch son los huevos Benedict, waffles y hot cakes, actualmente también pueden encontrarse propuestas con chilaquiles, huevos rancheros, molletes, tamales, birria, frijoles, tortillas, pan dulce y café mexicano.

OpenTable registró un aumento de 26% en las menciones de chilaquiles en reseñas de restaurantes en México durante 2025, lo que refleja la adaptación del concepto a la gastronomía nacional.
Para los restaurantes, el brunch representa además una oportunidad para aprovechar una franja de consumo entre el desayuno y la comida. Sin embargo, su operación requiere controlar aspectos como el desperdicio de alimentos, el personal necesario y la organización de la cocina, especialmente cuando se ofrecen buffets.
De esta manera, el brunch ha pasado de ser simplemente un desayuno tardío a convertirse en una experiencia gastronómica que combina horarios flexibles, convivencia, presentación de los alimentos y sabores adaptados a cada región.






