domingo, julio 12, 2026
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¿La obesidad se hereda? El papel de los genes en la relación con la comida, según especialistas

Durante años, la obesidad fue considerada únicamente el resultado de una mala alimentación y la falta de actividad física. Sin embargo, investigaciones científicas han demostrado que la genética también desempeña un papel importante en la forma en que cada persona procesa los alimentos, siente hambre y almacena grasa corporal.

Especialistas en endocrinología y genética coinciden en que la obesidad es una enfermedad multifactorial en la que intervienen factores biológicos, ambientales, psicológicos y sociales. Entre ellos, la herencia genética puede influir de manera significativa en la predisposición de una persona a desarrollar sobrepeso u obesidad.

Diversos estudios han identificado cientos de variantes genéticas relacionadas con el peso corporal. Algunos genes participan en el control del apetito, la sensación de saciedad, el metabolismo y el gasto energético.

Por ejemplo, ciertas variantes del gen FTO, uno de los más estudiados en este campo, se han asociado con un mayor riesgo de obesidad, ya que pueden influir en la preferencia por alimentos con alto contenido calórico y en una menor sensación de saciedad después de comer.

No obstante, los expertos subrayan que heredar estos genes no significa que una persona desarrollará obesidad de forma inevitable.

Aunque existe una predisposición genética, los hábitos diarios continúan siendo fundamentales para mantener un peso saludable.

Una dieta equilibrada, la práctica regular de ejercicio, dormir adecuadamente y controlar el estrés pueden reducir considerablemente el riesgo de desarrollar obesidad, incluso en personas con antecedentes familiares de esta enfermedad.

Los especialistas explican que los genes pueden aumentar la susceptibilidad, pero el entorno y las decisiones cotidianas son determinantes en el desarrollo de la enfermedad.

La genética no solo influye en el peso corporal, sino también en la manera en que el cerebro responde a los alimentos.

Algunas personas experimentan una mayor sensación de hambre, mayor dificultad para sentirse satisfechas o una mayor atracción por alimentos ricos en azúcar y grasas debido a diferencias en los mecanismos que regulan hormonas como la leptina y la grelina, responsables del apetito y la saciedad.

Esto ayuda a explicar por qué dos personas con hábitos similares pueden tener respuestas distintas ante la misma alimentación.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera la obesidad una enfermedad crónica que requiere un abordaje integral. Además de la alimentación y la actividad física, el tratamiento puede incluir atención médica, apoyo psicológico y, en algunos casos, medicamentos o cirugía bariátrica.

Los especialistas recomiendan evitar estigmatizar a quienes viven con obesidad, ya que reducir el problema únicamente a la falta de voluntad ignora la complejidad de los factores biológicos y ambientales involucrados.

Los expertos también destacan la importancia de fomentar hábitos saludables desde la infancia, especialmente cuando existen antecedentes familiares de obesidad.

Promover una alimentación balanceada, limitar el consumo de alimentos ultraprocesados, incentivar la actividad física y realizar revisiones médicas periódicas son medidas que pueden ayudar a disminuir el riesgo de desarrollar enfermedades relacionadas con el exceso de peso.

En conclusión, la evidencia científica muestra que la genética puede aumentar la predisposición a la obesidad, pero no determina por sí sola el futuro de una persona. La combinación de un estilo de vida saludable, atención médica oportuna y un entorno favorable sigue siendo la mejor estrategia para prevenir y controlar esta enfermedad que afecta a millones de personas en todo el mundo.

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