El brote de ébola que afecta a la República Democrática del Congo y Uganda ya ha dejado al menos 220 muertes sospechosas y más de 900 casos en investigación, en medio de una creciente preocupación internacional por la rápida expansión del virus. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció que la epidemia avanza más rápido que la capacidad de respuesta sanitaria.
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió que la detección tardía de casos, la violencia en las zonas afectadas y la falta de vacunas contra la cepa Bundibugyo están complicando seriamente el control del brote. “La epidemia nos está superando”, declaró durante una reunión de la Unión Africana.
La emergencia sanitaria se concentra principalmente en las provincias de Ituri y Kivu del Norte, en la República Democrática del Congo, regiones marcadas por conflictos armados, desplazamientos masivos y escaso acceso a servicios médicos. La OMS confirmó que la enfermedad ya cruzó fronteras y Uganda reporta siete casos confirmados.
Uno de los mayores problemas es que actualmente no existe una vacuna aprobada para combatir esta variante del virus, lo que ha retrasado las estrategias de contención. Además, ataques contra hospitales y centros de aislamiento han provocado que pacientes huyan, aumentando el riesgo de contagio.
La OMS declaró el brote como una emergencia de salud pública de importancia internacional desde el pasado 17 de mayo y pidió a los países vecinos reforzar controles sanitarios y vigilancia epidemiológica.
Especialistas también han señalado que los recortes internacionales en ayuda humanitaria y sanitaria han debilitado la capacidad de respuesta en la región. Organismos internacionales alertan que la falta de financiamiento, personal médico y laboratorios retrasó el diagnóstico del virus durante varias semanas.
El ébola es una enfermedad viral altamente mortal que se transmite por contacto directo con fluidos corporales infectados. Sus síntomas incluyen fiebre alta, vómitos, diarrea, hemorragias y falla orgánica. Según la OMS, algunas cepas pueden alcanzar tasas de mortalidad de hasta 80%.






